Buenos Aires, 12/2019

Teatros imaginados y deseados. A veces estoy en ellos. Subida. Montada. Pero cuando no hay público. En general en horarios extraños. Cuando los sonidos de las calles refieren a actividades de la vida cotidiana. Se compran, colchones, estufas, refrigeradores … Hace 20 años llegué a un teatro que nunca había imaginado. Pero parecido a muchos otros en los que había estado. Ese nuevo teatro me llevó a este futuro que hoy vivo. Muchos teatros que siguen apareciendo. Incontables. Ahora vivo en la ciudad que más teatros tiene — o por lo menos eso dicen — y trabajo para una ciudad en la que la gente de teatro está uniéndose y formando una gran coalición, luchando por sus derechos. Mi padre viene de un país donde en los teatros ahora se debate el futuro de una nación. Mis hijxs han crecido acompañándome a los teatros. Me enamoré de mi marido en uno de los teatros más lindos del mundo. Entonces, no imagino un teatro, vivo, respiro, sueño teatro. Pero si aún así tuviera que imaginar, entonces quisiera imaginar que las lenguas que han sido olvidadas, aquellas que se siguen hablando en muchas partes del mundo, formarán parte de la nueva dramaturgia. Una dramaturgia donde las lenguas dominantes dejarán lugar a las lenguas que casi nadie habla. Esas lenguas originarias que lentamente están siendo rescatadas por varixs artistas en todo el mundo. Ese es el teatro que imagino. Uno donde nos sentemos a escuchar el renacimiento de esas lenguas.

Imagined and desired theaters. Sometimes I am on stage. Off stage. Backstage. But when there is no one to see me. No audience. Most of the time at odd hours. The sounds in the streets are sounds of everyday life. Se compran, colchones, estufas, refrigeradores… Twenty years ago I arrived at a theater I had never imagined before. Yet it looked like many theaters where I had been. That new theater took me to this future, where I am now. Many theaters after that. Too many to count. I live in a city that has more theaters than any other — or at least that is what they say. I work for a city in which its theater community is uniting unlike any other time to fight for their rights. My father comes from a country where right now people are in theaters debating the nation’s future. My kids have grown up in the various theaters where I have worked. I fell in love with my husband in one of the most beautiful theaters in the world. I do not imagine a theater, because I live theater, breathe it in and out; I dream it. But, if I had to imagine a theater, then I’d like to imagine that the languages that have been forgotten, which are still spoken in many parts of the world, would be part of this new playwriting. A playwriting in which dominant languages make space for the languages no one speaks; those original languages that are slowly being rescued by various artists around the world. That is the theater that I imagine. A theater where we could listen to the rebirth of those languages.

Translation by Alexandra Ripp.


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